Querido Diario…

Lalo y Lalo 2 forcejeaban contra el guardia. Era un tipo enorme, de casi dos metros de altura, grande por donde se le viese. Por más fuerza que los dos ponían estaban más aferrados a él para no salir volando que pudiendo controlarlo.

Tomo el brazo de Lalo 2 y lo dobló, tan fuerte que un chillido rompió el silencio de la casa de seguridad. Fue entonces que Chucho y Becario con Esteroides entraron y ayudaron a domar el guardia. Mientras los dos lo sujetaban con fuerza, Lalo le puso los sinchos de plástico para sujetarlo a la silla.

- A ver hijo de tu puta ma%&(), ¿dónde está?, ¿dónde lo tienen? - Lalo empezó a golpearlo en la cara, pero sólo sonreía
- Los van a matar, los van a matar a todos, no sabes con quién te metiste, mexicano pend&/()

Lalo respondió con varios ganchos en el estomago, pero a pesar de la gordura, estaba tan duro, que los nudillos le ardieron mientras a él no le pasó nada.

- Te voy a enseñar lo que significa ser mexicano - Lalo volteó hacía Lalo 2 y asintió con la cabeza

Lalo 2 fue corriendo al baño por una cubeta llena de agua, y en ella vació una bolsa grande de cemento, la empezó a revolver hasta que se formo una pasta. Entonces, de una esquina sacó un embudo; una vez que finalizó se volvió a acercar donde estaba el forcejeo.

– Esta es tu última oportunidad, ¿dónde está?

El guardia respondió escupiéndole a la cara. No recuerdo jamás haber visto enojado a Lalo, pero en ese momento, su cara se tornó colorada, tomó el embudo y se lo incrusto de un golpe en la boca, probablemente rompiendo un par de dientes. Lalo 2 empezó a vaciar el cemento de la cubeta sobre el embudo.

Los ojos del guardia cambiaron, primero fue el pánico lo que pasó por su mente, la desesperación, el miedo; y finalmente su mirada rogaba porque se detuviesen. Lalo 2, Chucho y Becario con Esteroides miraron a Lalo; esperando a que se detuviese aun a tiempo para salvar la vida del guardia, y aprovechar su pánico para que les dijese donde me encontraba. Pero la rostro de Lalo estaba afectado, el haberle escupido había pasado su límite, no dio la orden de detenerse.

Cuando el contenido de la cubeta se terminó, el cemento había empezado a endurecerse en su interior. Ahora quién tenía el rostro colorado era el guardia; quién ya no opuso más resistencia, cayó por su propio peso junto con la silla, revolcándose por el dolor, hasta que el dolor en él cesó; junto con su vida.

- Joven - dijo Lalo 2
- ¡¿Qué?! - Lalo aun estaba enojado... no enojado, enca$%&/
- ¿Dónde aprendiste eso?, ¿Tijuana?
- No, me lo contó Belindo... él lo vio en Caracas

Lalo miró al techo y empezó a respirar. Fue entonces que supo que había comentido un error. Al llegar a la casa de seguridad, de la que hace unas horas habíamos liberado a Janey; no encontraron nada, todo estaba vacío salvo por ese guardia, el cual representaba la única pista para encontrarme. Y ahora, esa pista… se había esfumado con su último aliento.

Alonso abrió la puerta, y vio lo que pasó. Movió la cabeza de un lado a otro.

- ¿Ya acabaron de jugar? - así como entró, salió y salió al jardín de la entrada donde estaban la mayoría manteniendo el perímetro - ¡Sergio!
- ¿Qué tranza? - Fab se acercó
- Intenta buscar información del gü%&/() ese que acaban de pozolearse Lalo y Becario
- Hum... déjame ver que podemos encontrar en Instagram

Mientras habían perdido la única pista para encontrarme, yo me encontraba encerrado en una habitación sin ventanas; intentando aprender como hackear un banco.

Había seguido los consejos de Leonel, había instalado Genymotion, SourceTrail, Burp Suite y había descargado Santoku, para poder usar abd. Y aunque no me dijo, también instale Eclipse y JAD. Mi idea era intentar hacer algo desde la aplicación móvil del banco, al menos, era lo que más esperanza me daba.

A lo lejos, en la casa escuchaba una vieja canción:

Supuse era la señora que hablaba portugués. Tenía curiosidad por saber quién era.

Querido Diario…

Abrí Genymotion, fui a la ventana principal, seleccione un dispositivo genérico, y di clic en «Launch». Mientras se creaba el dispositivo y arrancaba en la máquina virtual. Saqué mi celular y empecé a explotar los podcasts. Entonces, me encontré con uno, que había pasado desapercibido para mi por años, y que hoy había descargado un nuevo capítulo.

Esa, había sido la primer película que «veíamos juntos», cuando jugábamos a que te enseñaba lo malos que podíamos ser los hombres, y como podíamos usar «técnicas para chamaquear». Dijiste que yo sería como el personaje que era dueño del bar, y te enseñaría las cosas que no debías de hacer.

De allí en adelante, veía cada película que me decías, cada película cursi y melosa; fue entonces que supe cual era tu película favorita. Y cada día, me quedaba con la tarea de ver una película nueva, para poder platicarla contigo.

El banco me dejó de importar, el no saber donde estaba o que pasaría. Sólo pensé en una cosa: en ti.