Lunes, 17 de Septiembre de 2019: El ser

Querido Diario…

Desperté en medio de la noche, un poco adolorido de la espalda por dormir en el sofá. Me levanté y me acomodé el cojín. A pesar de que ya empezaba a refrescar el clima por las noches, seguía sintiéndose algo de calor.

Caminé hacía el comedor, sin encender la luz, y a tientas busqué el control remoto del aire acondicionado, lo encendí y me quedé debajo de la salida, esperando a refrescarme un poco; luego abrí el refrigerador y saqué una botella gigante de Pepsi; le dí un trago gigante. Era de esas cosas extrañas que a veces me pasan, a pesar de que no soy muy afecto al refresco, a veces en las noches me dan muchas ganas de beber refresco extremadamente frío.

Volví a guardar la botella en su lugar, me estiré un poco, y caminé de vuelta para el sofá. El problema, de no ver sin lentes, que en las noches cuando uno se levanta ,no ve nada, y sólo se guía por mero instinto. Así fue como llegué al sofá nuevamente, pero algo raro veía entre las sombras. ¡Un bulto!

Supuse que era el protector del sofá que se había hecho bolas, no vi bien, así que subí al baño y me puse los lentes de contacto; de vuelta pude ver a Janey y Lalo, roncando en las camas. Bajé y entonces volví a ver el bulto.

El bulto… el bulto era yo. O sea, no; si… yo estaba allí de pie, al borde de la escalera, pero al mismo tiempo estaba yo allí, en el sofá.

Me limpié los ojos, pensando que no estaba viendo bien, pero la imagen no se borró. Era yo… en el sofá.

Me acerqué con miedo al sofá, y me vi aun más de cerca, respirando, con los parpados en movimiento, tal vez por soñar… ¿acaso estaba soñando que yo me estaba viendo allí de pie?, y pusé mi mano sobre mi cara. Apenas me toqué con los dedos, y sentí un frío casi doloroso en las yemas.

Al sentir el frío, retiré la mano inmediatamente; sentí miedo, curiosidad, ¿qué estaba pasando?, ¿por qué?. Estaba soñando.

Me distrajo ruido en el piso de arriba, y las luces encendiéndose. Vi como una sombra pequeña empezó a bajar por las escaleras; era Janey. Pasó por detrás de mi caminando hacia el refrigerador. La seguí y me puse detrás de ella.

Abrió la puerta del refrigerador, y sacó mi botella de Pepsi, le dio un trago a la botella, cerró la puerta y se quedó mirando al espejo de la puerta.

- ¡Hey!, tus babas... que asco - dije, reclamando que le hubiese tomado al refresco directo de la botella.

Intenté tomar un vaso del fregadero, para dárselo pero al momento de tocar el vaso, nuevamente sentí un frío quemarme la mano. Y no pude cerrar la mano para tomarlo.

- ¡Janey!, algo raro me esta pasando... ¿ya viste el so... - Janey se giró y empezó a caminar de vuelta. - ¡hey!, pélame.

Fui caminando detrás de Janey, esperando que viese lo que pasaba en el sofá, se quedó para de frente, mirándome. Seguro ella también ya se había dado cuenta de que había pasado.

- ¿Ves?, a esto me refiero

Pero Janey no me hacía caso, jaló el taburete redondo y se sentó frente a mi, o frente al cuerpo de mi; o lo que sea que estuviese allí

- ¡Ay Belindo!, ¿cómo puedes tener tan mala suerte y a la vez tan buena suerte?; ¿qué se te va a ocurrir para rescatar a Becario?. Yo confió en ti, no confío así como que mucho en ti, pero un poquito. Bueno más bien no confío nada en ti, confío en tu suerte; y en que Lalo va a usar tu suerte para dar tehuacanazos a lo loco y sacarlo vivo. En Lalito si confío.

Me cubrió con la cobija, acomodó mi almohada y se siguió.

Janey no me vio. ¿Qué estaba pasando?… volví a intentar tocarme, pero de nuevo el frío me lastimó.

Me senté yo ahora en el taburete, asustado… intenté imaginar que yo mismo me movía; pero no me movía. Me veía allí, lejos, durmiendo. Y yo allí, sentado, mirándome…

Janey había dejado las luces de la escalera encendidas, y vi una sombra. Era una sombra más alta, así que supuse que sería Lalo, seguro el si se daba cuenta de mi y sabría que hacer. Cuando me paré y caminé a la escalera para encontrármelo vi una sombra, y nada más… sin rostro, sin emociones, como si dentro de su rostro estuviese un vacío profundo; y perdí el conocimiento.

Todo había sido un sueño.

Querido Diario…

La luz del día empezó a entrar por la cortina de la habitación. Me dio directamente en la cara y desperté… sentía los ojos secos, me había dejado los lentes de contacto puestos.

Me giré y a mi lado estaba Janey que también empezaba a despertar.

- Ñam, ñam, ñam... - se negaba a abrir los ojos - ¡ay!... 5 minutitos más, ¿qué clase de sitio es este que amanece tan temprano?
- Lo sé, es difícil acostumbrarse... y luego hay días en los que los días son larguísimos, y otros en que a las 5pm ya es de noche - le dije
- Hum... chale, quiero mi camita, quiero mi perro, quiero a mi mami
- Ahorita viene Shellcode, no te dará un trompazo, pero te puede meter un lengüetazo

Me incorporé y me recargué sobre la cabecera. Era raro que Shellcode no se hubiese despertado ya para venir a saludarme. Janey también se paró de golpe, fue a su maleta y sacó sus cosas para bañarse.

Se metió al baño, de pronto, salió a medio vestir por su toalla, que había dejado en la maleta

- ¡Argghh... castigo de Dios!, ponte la ropa; somos amigos pero hay limites...

Pero Janey, que en condiciones normales me habría cacheteado por grosero, se regresó como si nada a bañarse.

Me dirigí hacia abajo, Lalo aun roncaba tranquilamente en la otra cama. Al bajar, Shellcode salio rápidamente de detrás del sofá, y me miró confundida; no corrió hacía mi con alegría, no ladró, sólo se quedó sentada mirándome.

- Shellcode, beso, beso... Shellcode, hazme caso... ¡ash! que mal perro, no me haces caso

Llegué al último escalón, giré la vista a la izquierda, y yo… yo estaba dormido sobre el sofá.

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