Querido Diario…

Después de varías horas de crasheos y de sentir mi computadora hervir, al fin, tenía una captura. Eran apenas unos megabytes, pero era suficiente para darme esperanza, el trabajo arduo, el sudor, el estrés, la tensión… todo se resumía a este pcap:

Al verlo, revisé paquete por paquete… ¡oh-oh!… no había nada. Plop.

Querido Diario…

«Au[…]to… tienes un serio problema, nunca te enseñaron a decir: ya no puedo más»… mi panza gruñía por el hambre, y; a pesar de los meses, mis manos estaban cortadas por las finas láminas de metal. Después de mentir y hacer como que pedía un taxi, le deje en su casa y caminé por una hora, a lo que llamaba «casa». Entré y puse la jerga bajo la puerta, esperando fuese suficiente para impedir que las cucarachas entrasen, me tiré en el suelo, esperando mi piel se acostumbrase a lo caliente del suelo, me quité la playera y la hice bolita para usarla como almohada. Quería decir «ya no puedo más», quería que dejase de doler. Quería llorar, no por el hambre, por el ardor en la piel… quería llorar porque le extrañaba.