Martes, 22 de Octubre de 2019: Hace un año… pasó lo de Ottawa

Querido Diario…

En la habitación de al lado Janey se despertó por el frío. No había suficientes cobijas, y yo me había quedado con la mayoría, porque yo necesito de muchas cobijas para dormir.

Sin poder conciliar el sueño, bajó a la sala del Airbnb, tomó un poco de leche y se quedó mirando a la ventana. El Airbnb se encontraba en un fraccionamiento cerrado, hasta cierto punto se veía un sitio tranquilo, de esos sitios muy familiares, con jardines, juegos para niños, y vigilancia a la entrada. Probablemente en otro momento, Janey, habría subido a despertarnos para empezar a hacer la lista de la “carnita asada”, comprar unas pizzas, pedir alcohol al Rappi, y poner La calle de las sirenas; pero aunque a momentos parecía no importarnos, ninguno olvidaba que teníamos al Becario perdido.

De entre la calle, unas luces a través de la ventana, iluminaron la sala. Sin embargo Janey no alcanzo a ver ningún coche sobre la calle al asomarse entre las persianas. De pronto, alguien tocó la puerta; a las 3am.

Janey no abrió completamente, sólo entre abrió y la puerta se quedó atorada con el pestillo de la cadena. Frente a la puerta, había dos niños; vestidos con ropa de los 20’s. El niño con un traje tipo marinerito, boina, shorts, calcetas blancas hasta la rodilla y zapatos negros; la niña, usaba un vestido floreado, calcetas con olanes, y una diadema de flores.

- Hola - dijeron en unísono cuando Janey los miró
- Hola - respondió Janey, que luchaba por recuperar la vista después del resplandor
- ¿Nos dejarías entrar un momento?, hace frío, nuestros papás vendrán a recogernos
- Hum... ¿de dónde vienen?, ¿dónde están? - respondió Janey un tanto confundida; pero no obtuvo respuesta

Los niños se miraron entre si, sin responder. Y unos minutos más tarde, que parecieron una eternidad, volvieron a decir en unísono.

- Nos dejarías entrar un momento?, hace frío, nuestros papás vendrán a recogernos

Janey quedó confundida, pero sólo pensó “que niños tan raros”, cerró para retirar el pestillo de la puerta, y finalmente los dejó pasar. Les indicó que podían sentarse en la sala, y puso en la mesa de centro el control remoto, en caso de que quisiesen ver la televisión. Entonces, el niño se acercó un poco más.

- ¿Me dejas pasar al baño? - le dijo, pero sin levantar la vista. Siempre mirando al frente.
- Si, está acá - Janey caminó hacía las escaleras, para indicarle donde estaba el baño. Encendió la luz por él, y le cerró la puerta

Mientras Janey se quedó parada en la escalera, esperando a que le niño saliese. La niña se sentó en el sofá

- Si quieres puedes prender la tele, dejé el control en la mesa - casi gritó

Sintió como el estomago se le revolvió, y el pánico la invadió. La niña no respondió, pero se giró hacía ella, y al fin; Janey pudo ver su rostro, o más bien, no pudo ver su rostro. La cara de la niña era como una esfera, desdibujada, no tenia rostro. Los ojos se le veían como dos manchas negras sobrepuestas sobre lo que debería de ser sus cuentas, no tenían boca, mi expresión. Janey estuvo a punto de gritar, de no ser porque la puerta del baño se abrió.

El niño salió agradeciendo, sin girar la cara hacia Janey, pero de perfil; pudo ver que tampoco tenían rostro. Caminó hasta donde estaba la niña, que se puso de pie; y giraron al mismo tiempo para verla y decirle, una vez más en unísono.

- Nuestros padres han llegado. Adiós

Y los niños, sin esperar a que ella reaccionase salieron de la casa.

Nuevamente la luz iluminó la sala, Janey corrió hacia la puerta y sólo alcanzó a ver como los niños se subían a un coche, que se veía muy antigüo color negro. Estaba fuera de si, quería gritar, pero no salían gritos, quería llorar, pero la presión en sus sienes era tan grande que no podía llorar.

Corrió hacia el baño para revisarlo, todo parecía normal. Sentía su corazón latir tan fuerte, que sus oídos saltaban de lo agitada que estaba. Entonces, sintió algo escurrir de nariz. Se llevó la mano a ella para limpiarse y quedó manchada de sangre. Rápidamente se giró hacia el espejo para saber que tenía, y entonces, vio algo diferente.

La mañana de ese día, antes de ir a recoger las armas con El Oscar, Janey se había lavado los dientes en ese espejo y había visto su reflejo. Ahora que de nuevo se veía frente al espejo, no vio nada. El espejo estaba opaco; había perdido la parte reflejante, era sólo un pedazo de vidrio gris.

Lentamente se fue desplomando en el suelo, y empezó a llorar.

En mi cama, aun con el miedo en la garganta, aún sin reaccionar, escuche el llanto de Janey, rápidamente me incorporé. Y baje las escaleras corriendo; vi las luces de la sala encendidas, y busqué por todas partes intentando ubicar de donde provenía el llanto, hasta que encontré a Janey acurrucada en el suelo del baño.

- ¿Karen?, ¿qué pasa? - estaba completamente dura, no podía moverla de los brazos, estaba congelada, paralizada

No me respondió, sólo lloró, lloró… lloró.

No supe que hacer, sólo me le quedé viendo, esperando a que dejase de llorar para que me explicase que era lo que le pasaba.

Querido Diario…

Mientras estaba allí, esperando… escuché un golpe en la parte de arriba; como si algo se hubiese caído. Mi impulso fue correr hacía arriba para buscar a Lalo, pero giré y vi a Janey, completamente en shock y me contuve.

Empecé a escuchar ruidos, pero no podía dejarla. Entonces, escuchamos disparos; uno… dos… tres… Janey salió del shock y me miró aterrada; ya no por el miedo de lo que hubiese visto antes, sino por miedo a que algo le hubiese pasado a Lalo; se levantó de golpe y entonces los dos subimos las escaleras para saber que sucedía.

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