Martes, (ya no recuerdo) de Noviembre de 2017: El viaje que me hizo superar mi propia ilegalidad

Querido diario…

Escribo nada más para que sepas que sigo vivo, no recuerdo que día es, pero sé que es martes. No ha estado feo, pero.. bueno, estoy haciendo cosas truculentas, de esas cosas en las que pasas de lo digital a lo físico, y antes de dormir piensas “diablos, me voy a ir al infierno”.

Sólo unas notas sobre Colombia:

  • Todo es delicioso
  • Bogotá es una ciudad bonita, me recuerda a San Diego, un pueblote con edificios, pero aquí la gente si es agradable y tiene más vida la ciudad; y hay cosas que hacer.
  • Siempre cambia tus dólares en el mercado negro, te dan casi el doble de COP’s que en las casas de cambio.
  • Manejan muy temerariamente. Los chilangos quedamos como novatos frente a los bogotanos al volante, son pro.
  • Es muy difícil hacer conversiones entre monedas. A veces digo “ahhh… está bien barato” y ya que hago la conversión digo “demonios”.
  • La gente es increíble, una chofer de un taxi de Uber me llevó “de rumba” el primer día, cuando le dije que no sabía bailar.
  • El café es todo lo que dicen… he probado el café de Chiapas, de Costa Rica y el de Cuba; para mi el mejor era el de Chiapas… no, nada que ver. El “tinto” que es como el café más común, es lo más increíble en café que alguien pueda probar.
  • La belleza de las mujeres colombianas es un mito, no he visto nada de lo que nos han pintando toda la vida.

Querido diario.. tengo una historia que contarte, que no sé por donde empezar, no sé va a acabar.. no sé nada de nada. Mañana viajo a Perú y de vuelta; y hum… yo creo que después de esto, me retiro; si es que no acabo en la cárcel.

 

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