Querido Diario…

Pasé toda la tarde armando el documento para presentar la propuesta para vender el avión, a ratos intentaba dormir, pero intenté no tomar pastillas con el fin de terminar a tiempo.

Antes de presentar la propuesta, R quería presentarla a unos amigos que tiene en el BOPE de Río de Janeiro, si, del BOPE. Por eso es que R es tan temido en toda Costa Rica, tiene gente muy peligrosa cuidandole todo el tiempo; sus socios son incontables.

Algo que aprendí en «con mis amigos, que también son tus amigos»; es que la gente del BOPE son personas de las que se debe de mantener lejos, son profesionales. Poca gente en México podría compararse, pero yo conocí a alguien, a veces aun sueño con él; me dio los 8 minutos más largos de mi vida, él sólo detuvo a 12 de los militares mejor entrenados de ese país, tuvo una efectividad del 100%.

Él tenía fama de siempre volver sólo, era su maldición. Nuestras maldiciones se cruzaron, y la mía ganó.

El sudor me incomodaba, hacia calor, era horrible. Al fin envié el documento. Le mandé un mensaje a R para verle.

Me dormí como media hora; hasta que recibí un mensaje. Era R, venía en camino y me invitaba a desayunar. Me bañé, me alisté y bajé con la computadora.

Le mostré mi propuesta y mi presentación, una forma genial en como vender el avión; nosotros teníamos tiempos cortos de entrega, la mejor tecnología y unos cuantos valores agregados.

- Don Augusto... esto es interesante, arriesgado; pero me gusta. ¿Cree usted que los pueda convencer? - me preguntó, recargado hacía adelante, estaba interesado
- Si, creo que puede funcionar
- Excelente, voy a mandarlo y esperaremos la cita con la gente que le conté
- Ok
- ¿Quiere quedarse por acá mientras nos confirman?
- No, necesito volver; tengo que aprovechar para ir a hablar con alguien
- ¿Todo bien Don Augusto?
- No, creo que no
- ¿Necesita de mi ayuda? - me dijo mientras con la cabeza señalaba a todos sus guardaespaldas
- Si, seguro... ya sabes que no me gusta mucho usar esos métodos
- Como quiera Don Augusto, pero usted siempre puede contar conmigo
- Gracias, lo sé

Mientras R se fue me subí a mi habitación y me quedé viendo la tele un rato, Lalo3 me había recomendado una película, y como siempre; Kevin y Lalo3 son los mejores recomendadores de cine del mundo

La gente de R me llevó al aeropuerto, debía de llegar a Ciudad de México. Al fin me habían dado mi audiencia, pero no me la dieron con quién solicité. Sabía lo que significaría eso, pero; quise apelar a las promesas. Se me olvidaba, que la gente nunca cumple lo que promete.

Llegué a la ciudad, dejé mis cosas en casa; y lo primero que comí… si, fueron tacos. No extraño alguna comida más que los tacos, algo tan pequeñito haciéndote tan feliz, salsa que pica tanto que duele la panza, y tortillas de maíz, ouuu ese sabor.

Iría al día siguiente, así que me tomé otra pastilla; de todas formas iría a Tijuana a rescatar a los demás y podría pedirle a Lalo que me consiguiese más Tafil.

Desperté temprano, me bañé y no desayuné; esperaría a la comida. Sé que valdría la pena. Manejé rumbo a Santa Fe, en ese puente donde hace mucho empezaron a poner a policías cuidando por tantos asaltos que había, casi llegando a Observatorio.

A pesar de que seguro me dejarían pasar al estacionamiento, decidí estacionarme entre las calles y llegar caminando. Me presenté, me anunciaron; y le avisaron. El policía torpemente colgó la llamada, y me abrió la puerta completa, omitió hacerme el clásico registro de visitantes, y de inmediato un muchacho, que seguramente era un becario, de traje brilloso de esos de rebaja de Men’s Factory salió a conducirme.

Recorrí aquellos pasillos entre esos edificios que asemejan bodegas, la entrada seguía siendo esquivando lo que parece una fuente que no funciona; y después de eso se llega a las grandes escaleras de madera, en donde todo denota elegancia. El becario me indicó que debía de seguir por allí, era obvio; el no tenía permitido acercarse.

Le agradecí y subí por las escaleras. Al subir, apenas llegando a los últimos escalones, pude ver ese cabello rubio ya un poco lleno de canas, con las raíces negras. Los lentes de pasta, y el traje sastre. Ella sería el típico cliché de secretaría de gobierno. Me acerque lentamente haciendo el tonto.

Sin que lo notase, me incliné hacía ella, e invadiendo su espacio personal y casi al oído le dije; con voz exagerada:

- Disculpe usted, señorita; tengo cita con el doctor

Subió su mirada lentamente, le vi los ojos llorosos; se puso de pie y empezó a decir mi nombre; rodeando el escritorio.

- Augusto, Augusto.. déjame te doy abrazo.. ¿cómo estas?, estas bien; mírate, estas más gordito, mira tu piel; mirate... Augusto - pero cuando se me acercó sentí ese impulso de hacerme a un lado, aunque intenté ser lo más educado posible
- Espacio personal... atrás, atrás... - pero no hizo caso, me abrazo hasta casi sacarme el aire

Las puertas de atrás se recorrieron, y allí estaba. A él, que es incluso complicado saber su nombre, le diré solamente Félix.

- Pasa - me dijo sonriendo, mientras me indicaba con la cabeza.

Jessika recobró la compostura, y asintió acomodándose el saco y poniéndose erguida junto a mi

- Jessika, marca al Morton's diles que me manden el porter house a la plancha, no a la parrilla; se específica en eso, sarteneado con ajo y romero... el añejo de dos kilos por favor; diles que es para mi para que me manden los acompañamientos que me gustan - se giró y entró a su oficina; con voz alta añadí
- Y diles que te manden un poco de mantequilla de espinaca, te van a decir que no pueden; pero diles que es para él, que la cobren extra, está bien; y que agreguen todo su paquete de sales. ¡Ah! y que te manden una botella de Dido tinto, si tienen cosecha 2016, mejor - lo miré, con sarcasmo; mientras el con una sonrisa le asintió a Jessika, para autorizar mis caprichos

Cruce las puertas corredizas, la oficina era muy diferente a como era antes; la «austeridad» se notaba; ahora todos los muebles eran en madera, las viejas sillas ahora eran nuevas y bastante cómodas, había una sala dentro de la oficina, y un pequeño comedorcito; así como un cava. Félix se acercó a servirme un Jim Beam, se sirvió uno y me indicó que me sentase en el sofá.

Nos quedamos un buen rato viéndonos el uno al otro, dimos pequeños tragos a nuestros vasos; parecería que había tensión entre nosotros, pero no. Era alegría, una alegría que difícilmente se puede describir.

Me tome de un golpe todo el contenido del vaso, me puse de pie para servirme más, y allí no pude evitarlo. Le di unas palmadas en la espalda, y entonces la tensión de esa alegría se expreso. Nos reímos, me senté a su lado.

Cuando todo falló, temí mucho por él; pensé que terminaría flotando en un río de aguas negras. O, «entre la basura», como ahora se acostumbra; pero había sido lo suficientemente inteligente para acomodarse.

Nos pusimos al día, tal vez durante una hora hasta que Jessika entró con la comida; y entonces pasamos a comer. Comimos tanto que nuestros estómagos explotarían, y bebimos tanto que nos empezamos a sentir mareados. Habían pasado unas cinco horas tal vez.

Miré el reloj, debía de ir a ver a Mom, algo malo había pasado en la mañana y estaba en México.

- ¿Vas a verlo? - me dijo
- Si
- Salúdamelo, no le veo desde que te presentó conmigo - suspiro, son buenos amigos - ¿cómo te trata?
- ¿No me ves mis lonjitas? - se río

Lo sabía, lo sabía todo; desde el momento en que me llegó la notificación de la audiencia. Sabía era un viaje en balde, pero; es algo que siempre he querido tanto, y ahora es tan imposible, que tenía que preguntar.

- Supongo... me mandaron contigo, para que me digas que algo malo pasó; y no se puede, ¿verdad? - lo volteé a ver, quería ver su expresión; pero tantos años en inteligencia lo han vuelto tan duro, que no movió ni un músculo
- Ya lo sabías
- ¿Puedo saber por qué?, cumplo todo, y aun así...
- No importa que cumplas todo, bienvenido a la burocracia. Prefieren tener decenas de miles de niños aprendiendo como volverse unos vagos criminales a darlos a personas que les quieren dar un hogar... no es por ti, así mal funciona todo
- ¿Y el favor?
- Perdímos
- A varios perdedores los veo muy cómodos en sus derrota - gire mi dedo indice señalando la oficina
- ¿Quién dirige esa instancia?
- No pretendo que ella firme, sabemos bien que las cosas siempre se arreglan en medio
- No puedo, si lo hago, va a llegar a sus oídos; que este aquí no es un premio. Podrías verlo como una advertencia
- Pedí audiencia con... - me interrumpió
- Él lo sabe, su agradecimiento para contigo es real... pero, para con muchos de nosotros también lo es, y no se atrevería a exponernos por inmiscuirse

Lo entendía, sólo no lo aceptaba; pero lo entendía.

Me incline hacía el frente, y miré mi vaso con detenimiento. Todo empezaba a moverse; habían sido dos botellas de vino, más tal vez la mitad de Jim Beam.

- ¿Sabes?, cuando estudiaba en la superior... alguien me terminó odiando, porque decía que yo quería tener una familia, casi terminando la escuela; creo que son cosas que ya nadie quiere
- No diré que opino, porque puede que te lastime más
- Gracias... creo
- Sé que necesitas dinero... yo puedo
- No

Me puse de pie, y arrebate el vaso de su mano; coloque hielo en ambos vasos, y vertí un chorro aun más grande de bourbón. Sabía era el último.

Regresé al sofá y le pasé el vaso.

Lo miré, sonreí, entre triste por su negativa, pero alegre por verle bien. Y le di un golpe en el brazo.

- Me caes bien - le dije
- Eso es mucho viniendo de ti

Me puse de pie, nuevamente a la cava; mezcle agua tónica, ginebra, limón y mezclé.

No me despedí, las personas cercanas nunca se despiden. Salí, y por la espalda le di un ligero abrazo a Jessika y le dejé el gin tonic sobre su escritorio.

- Bebé, ordenes de tu jefe

Recorrí el pasillo de aquel edificio; y mientras caminaba a la salida, veía; a unos 15 minutos caminando; aquellos árboles, que parecen un parque, pero por debajo; a 30 pisos bajo el suelo, guardan aquel lugar.

Carlos empezó a morir aquel 7 de mayo en Mexicali, pero poco de lo que quedaba murió en ese sitio.

Casi llegando a la puerta me detuve, había olvidado preguntar por esa fotografía; el día de la primer tarea de prueba… quería verla. Sería en otra ocasión.

Salí, y caminé hacía la calle donde había dejado el coche.

Querido Diario…

Fue un viaje en vano. Tal vez era el último de mis sueños que podía cumplir… y tampoco podré.

Mi celular sonó; no me había dado cuenta del día.

- Estoy en la Ciudad de México, faltan 7 horas
- ¿Cuándo vuelves?

- Hoy
- ¿Dragón o televisión?
- :O