Viernes, 25 de Octubre de 2019: Fuchi, Guacala, te voy a acusar con tu mamá

Querido Diario…

Lalo se encontraba dormido en una de las habitaciones; en sus sueños se mezclaron tantos recuerdos de Tijuana con perturbaciones que ahora reinaban en su mente.

Lalo era iztapalapense, lo que quiere decir que nació con talento para el crimen, sin embargo, la mayor parte de su vida tuvo una vida normal. Un día, aun no sabe como, terminó en una universidad, y tiene un grado de ingeniería, y… está titulado. Sin embargo, #viejastodassoniguales, tuvo que mudarse a Tijuana, en donde sólo había dos trabajos; streeper y sicario.

A pesar de que su increible cabello sedocito, no pudo obtener trabajo como streeper, por lo que tuvo que escoger la opción B.

Lalo empezó desde abajo, tenía que desaparecer a gente sin relevancia. A veces sólo le encargaban ir a cobrar deudas a repartidores de Bimbo, Pepsi, Corona; que también repartian otras mercancias y habían fallado en algo; sin embargo en una ocasión el hijo de uno de los jefes le pidió un favor.

Un día antes se había peleado con un tipo en un antro, había perdido un diente y quería vengarse. Sin embargo, hacerlo directamente no era de hombres, por lo que para incubrirlo como un simple atentado del narco; Lalo se encargaría. Cuando Lalo examinó la posición, el otro tipo no era nada sencillo, tenía 10 escoltas bien armados. Poniendo como pretexto que ir a pie era muy complicado, porque tenía que cargar con todos los cartuchos para el trabajo, pidió el helicóptero de la familia del jefe, lo artillo y lo demás es historia.

Las noticias hablaron de un gran incendio causado por un ataque, calificado de terrorista, donde un sujeto aun no identificado había matado a 10 guardias fuertemente armados con ametralladoras. La única pista que se tenía del piloto, era un peluche de Mexicobalita, por lo que la policía local le apodo, “El Mexicobolita”.

Después de eso, Mexicobilita, se hizo famoso; cada vez empezo a tener más trabajos; hasta que se convirtió en uno de los sicarios de mayor confianza de los jefes, y empezó a ser responsable de la logistica de paso de “zucaritas” a EEUU. Sin embargo, a pesar de todos los problemas que tuvo que hacerse, unos años más tarde regresó a la Ciudad de México, sin nada y buscando que hacer.

A diferencia de Tijuana, una tierra sin ley, en la Ciudad de México la gente era civilizada; los “jefes” locales usaban traje y corbata, y las negociaciones implicaban bitcoins, wallets, redes, bases de datos… Mexicobolita desapareció, de nuevo era sólo Lalo.

Un día, nadie sabe bien como, ni siquiera el mismo; dejó un trabajo como analista de seguridad informática, y conoció a Mom. Mom inmediatamente lo aceptó, Mom tiene talento para detectar la turbidez e ilegalidad. Incluso, durante un cierto periodo antes que yo, Lalo fue el lugarteniente de Mom.

Sin embargo, y si lo sabré yo; los rostros jamás se olvida, las lagrimas, los ruegos, el último quejido, los nombres, las fotografías que a veces tienes que llegar a ver. Jamás se olvidan, los conservas en tu mente guardados, y salen en el peor momento. En mi caso, durante las noches que no puedo dormir y recuerdo cada momento de esos días. En el caso de Lalo, cada que ve una Heineken.

Haber vuelto a la ciudad no le hacía bien, empezó a soñar con todos esos trabajos sucios que tuvo que hacer. Soñaba el día del helicoptero, la gente correr por las calles, y el disparar a todo lo que se movía, sin poder diferencias entre guardaespaldas y civiles; los policías, soldados, marinos, la DEA… había un punto donde dejó de contar, sin embargo, podía recordarlos.

En sus sueños, Lalo, el Méxicobolita; quería parar, pero no podía. Esta vez no por un jefe, había algo que le ordenaba matar. Un ser, sin rostro, alto, sin mirada, frío, sin expresiones; que le obligaba a seguir, o sino le haría daño a él y los suyos; y tenía que seguir, una y otra vez, cada vez más sádicamente, para hacer sentir feliz a ese ser.

Cada que mataba a alguien, el Mexicobolita debía de volver a mostrar la evidencia de lo bien que lo había hecho, esperando que en algún punto; ese ser le permitiese ser libre, pero en vez de ello, lo único que conseguía era obtener otra nueva misión, más y más horrible. Mexicobolita… Lalo, quería parar, pero no podía, no podía parar, la única forma de parar era la única forma que conocía.

Acudió a la casa de este ser, llevó sus evidencias, y antes de que pudiese obligarlo a algo nuevo, Lalo giró y apunto con su M16, vació el cartucho completo; y por primera vez, vió una expresión en este ser, en esta cosa… una sonrisa, porque había conseguido lo que quería, sacar lo peor de él.

Lalo despertó, aterrado, sin poder diferenciar entre realidad y sueño; tomó su arma y disparó tres veces a la primer sombra que vió; fue entonce cuando lo escuchamos.

Janey y yo subimos las escaleras para saber que sucedía, mientras íbamos avanzando encendía cada lámpara hasta que llegué a la habitación de Lalo; detuve a Janey unos metros atrás de mi, por si un disparo salía, fuese hacía mi y no a ella, y lo suficientemente cerca para poder cubrirarla en caso de que algo malo pasase.

Encendí la luz y vi a Lalo sentado junto a la cama, su rostro estaba lleno de lágrimas, el fúsil aun estaba en sus manos. Con la mirada le dije a Janey que esperase fuera, no sabíamos que pasaba. Lalo jamás había perdido la razón de esta forma, todo lo contrario, él siempre ha sido un asesino mucho más fiable que yo.

Su rostro… estaba afectado….

Me senté a su lado… y poco a poco fui retirando el fúsil de sus manos, no opusó resistencia. Lo dejé a un lado y de reojo, busqué algún otra arma que pudiese tener. No la tenía.

- Joven, ¿que pasa? - casí susurre
- ¿Cuantos?, ¿cuantps?, dime cuantos - me miró intentando sanar su alma
- Cuantos, ¿qué?
- Lo sabes, ¿cuantas miradas vez en tus sueños?
- No lo sé, no te miento cada que te lo digo; jamás volteé a ver, no era algo que quisiese saber
- Yo no sé, no recuerdo... no puedo recordar. Un día, empecé a hacer una lista en Excel, no pude recordar todos, pensaba que si, y recordaba de pronto, más y más; nunca terminé la lista. Desistí

Lo entendía, más de lo que me hubiese gustado entender. Janey en la puerta me hizo señas para pasar, y asentí. Ella se sentó a su lado y empezó a platicar con él. Me pusé de pie y salí de la habitación.

Fui a la habitación, Shellcode aun roncaba, la abrace y le besé la cabeza. Podemos ser turbios e ilegales, pero… esto era un demonio, eran cosas a las que no podía exponerlos. Saqué el celular, y le marqué a Aldo.

- Bueno... 
- Que onda mi buen Augusto, ¿cómo estas?
- Bien
- ¿En que te ayudo?
- Necesito un favor
- Dime
- Haz que Karen y Lalo regresen
- Pero te estaban ayudando, ¿no?; yo por mi no tengo problema
- No, yo sólo recuperaré a Lalo Papá, pero llévatelos a los dos. No estamos para perder gente
- Hum... ok, entiendo. Esta bien mi buen Augusto, no te preocupes; yo lo checó.

Querido Diario…

A la mañana siguiente bajamos a desayunar, los tres parecíamos pandas por no haber dormido casí, sólo Shellcode se veía con energía.

Mientras escribía en el celular, no pude ocultar una pequeña sonrisa de complicidad, que Janey inmediatamente notó; de golpe, me arrancó el celular de las manos, y leyó mi conversación con Nemux

- ¡Belindooooo!, fuchi, guacala, te voy a acusar con tu mamá - Lalo no entendió que pasaba
- ¿Ahora qué?
- Mira, esta lavando dinero con Nemux
- Joven, fuchi, guacala; puedes ser asesino, vendedor de almas, traficante de órganos, hacer negocios turbios y dar calentaditas, ¿pero falsificar facturas?, eso es crimen organizado del malo - Lalo no era bueno manejando su sarcasmo
- ¿Por qué están lavando dinero?
- Hum... pues, Nemux necesitaba un favor, yo necesitaba un favor; y pues, una cosa llevó a la otra... y pues, henos aquí. No era mi intención, pero el entorno me obligó a ello
- Hum.. no sé si creerte joven, eres muy turbio - Lalo me pusó ojos de chino
- De verdad, yo sería incapaz de cometer un delito, pero psss.. no puede hacer nada

Nos empezamos a reír.

Entonces les llegó un mensaje a ambos, yo sabía que era Aldo. Pusieron cara de preocupación porque me quedaría sólo y me dieron una y mil recomendaciones; pero les dije que no se preocupasen por mi. Yo regresaría con Becario.

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