Viernes, 8 de noviembre de 2019: Ingeniero

Querido Diario…

Íbamos de regreso a la ciudad, Janey estaba enojada. La operación había sido un fracaso total, de último momento La Condesa había cambiado toda la operación, y nos había dejado fuera.

Mientras Enrique manejaba el Tsuru de la muerte de regreso, Janey iba viendo a la ventana; se notaba molesta, enojada, de esas molestias que uno sabe que es mejor no decir nada o me iba a agarrar de saco de box. Al ver el primer anuncio de Los cochinitos, intente tener contacto con ella, porque pues… ¡son Los cochinitos!, uno no puede dejar pasar unas minigorditas de chicharrón o agua de horchata.

- Oye tú - Enrique me miró por el retrovisor, su sonrisa era clara "te va a madr$%&"
- Gë$%& la neta se pasaron de ver%&/ ya tenía todo, acá y no, no; no mam$%&/ pinch$%&/ mama$%&/ así no pin$%&/ se puede
- Oh... si, eso si... pero, no fue tu culpa; de cierta forma para nosotros todo salió bien 
- ¿Bien?, no mam$%&/() vale ver%&/()
- Hum... no deberías de enojarte, te va a hacer daño... la gastritis, y ya vez que ahora la Ranitidina es carcinógena... yo creo que lo mejor que se puede hacer en estos casos, es... comer; algo así como unas garnachitas, algo así como en Los coch... - Enrique me interrumpió de golpe, mientras sentí empezó a acelerar

A pesar de que Enrique empezó a acelerar, estábamos en una autopista prácticamente recta, y bueno… digamos que el Tsuru de la muerte no acelera mucho.

- Augusto... nos vienen siguiendo, dos camionetas; a 110 y 137, las traemos desde que pasamos al Itallian Coffee
- Ouuu... rayos, ¿por qué no me habían dicho que los traíamos?
- Tú eres el pro aquí, pensamos que te habías dado cuenta - dijo Janey mirando a Enrique, quién también había supuesto lo mismo
- Ouuuu... si, claro, claro... sólo a veces quiero ver que estén al pendiente. Enrique, estacionare en el arcén, allí por Los cochinitos. 
- ¿Estas seguro?
- Si, vamos a dialogar...

Mientras abría la puerta y bajaba, Janey y Enrique se ponían rápidamente sus chalecos, y empezaban a armarse, y a hacerse bolita entre los asientos.

Las camionetas me quedaron de frente, bajaron varios tipos muy elegantes con armas de calibre muy grande, nuestros chalecos de carámica no iban a parar ni un tiro de esas cosas. Un tipo, de edad un tanto avanzada, se quitó los lentes oscursos, y se me acercó

- Estoy buscando a un tal Lozano 
- Esta usted frente a él
- Bien hijo, entiendo que has estado haciendo cosas que no deberías. Ponte de rodillas, y dime donde quieres la bala
- Hum... - mire hacia el suelo - mejor no, es grava, me van a doler mis rodillas

Cuando respondí con mi negativa, el ambiente se volvió tenso; fue entonces que el viejito empezó a reir. Esto era un cliche de película, él reía, sus hombres reían; y entonces de golpe sacó una pistola y me encañonó.

- Se acabó Lozano, esto no es un juego. 
- Huy... que valiente, ojalá así fuese usted con La condesa - le pegué en ego
- ¿Qué dijiste hijo de pu&/()=?
- Sé que tiene problemas con ella, y desde hace mucho; eso quiere decir que no puede arreglarlos. Y allí podemos ayudar nosotros

De entre atrás salió un hombre más delgado y joven, por la confianza con la que se le acercó debía de ser un familiar o algo así.

- Señor, tal vez deberías escuchar
- Ajá, ajá.. - asentí
- Explicate, tienes 2 minutos
- A La condesa la están traicionando, y yo sé quién y tengo la información para compronarlo; pero a mi me conviene esa traición, por ahora. En unas semanas ya no, y cuando ya no me convenga, no sé.. podría exponer a La condesa en un punto débil que usted puede aprovechar
- ¿Qué ganas tú?
- Mucho, ni en sueños puedo contra La condesa, y las que la están traicionando también son un problema para mi, y no tengo los recursos tampoco para enfrentarlas. Pero usted si
- Hum... 
- Señor, suena coherente, y este tipo tiene fama de ser bueno en esas estrategías
- Aja, ajá... - sonreí como emoticón 
- Estaré para el GP en dos semanas en la Ciudad de México, tengo un palco
- Me encanta el Hideki
- Si le ofrezco un etiqueta roja, dese por bien servido. Buenas tardes

Subieron a sus camionetas, y se fueron. Mientras se iban pude ver al tipo flaquito que me veía de reojo por la ventanilla. En la mente sólo pensé “Gracias, no sé quien eres, pero gracias”.

- ¡Listo!, todo arreglado.. se los dije, sólo había que hablar como gente civilizada
- Belindo, tienes ped%&/() neta güe$%&/( tienes ped%&/
- ¿Enrique?
- Yo creo que le voy a decir a Señorita RH que mandé más a seguido a Julio a estos viajecitos
- Huy... que poca confianza; bueno... ya que todo se resolvió, y Karen tiene dinero de sus viáticos, yo creo que hay que comer... ¡oh pero miren que coincidencia!, ¡Los Cochinitos!; y es lo más cercano... creo que tendrá que ser aquí.

Empecé a caminar hacia la puerta, al fin; gorditas de chicharrón.

Querido Diario…

Mientras comíamos Janey buscó en donde guardar su computadora, así que tomó mi mochila y la abrió. Dentro, vio el sobre amarillo, me miró, y lo sacó.

- La experiencia dice que siempre que hay algo en un sobre amarillo, es algo importante
- Hum... más o menos - empezó a leer, y esbozó una sonrisa de alegría y orgullo
- Esto es muy bueno
- Hum... ñeee... - me encogí de hombros - vivo en un desierto, esas cosas no importan allá
- Pero a mi si, puedo presumir a mi amigo. ¿Por qué escribiste la carta?
- Fue un acuerdo. Convencí a alguien de arriesgarse mucho para conseguir algo que quería... y lo consiguió; y el trato fue que si se arriesgaba yo escribiría eso
- Hum... pues mis felicitaciones, convencer a alguien tan terco como tú de hacer algo, es sorprendente
- ¡ja!.... ahora sólo necesito que Fer haga todo, pero... allí está firma 
- Bien hecho muchacho, bien hecho

Comimos gorditas, agua de horchata y como era tarde un pan de nata con café. La condesa pronto iba a abdicar.

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